[ARTICULO] Bajo tu Manto. D. Daniel Sánchez Melgarejo

Amadísima Madre de Misericordia:

Ya hace quince años, cuando un grupo de nazarenos murcianos unidos por tu amor, decidieron sumar sus voluntades para que en la Noche de Viernes Santo, la noche más triste del año, nuestro Santísimo Cristo de la Misericordia estuviera acompañado por Ti.

Para Ti hicimos un trono, el trono que se merece la Reina del Cielo, hermoso pero a la vez pesado y duro, como la vida misma, un trono que te enaltece, que te eleva a lo más alto, para que de esa forma no pierdas nunca la mirada con tu Hijo Amado.

Y debajo de este trono tus hijos, tus estantes, todos protegidos bajo tu manto, cansados pero orgullosos de tener el privilegio de acompañarte, de estar contigo, de ser también consuelo tuyo.

Creo Madre de que no éramos conscientes del camino que estábamos recorriendo, de la mano que nos estaba guiando, del cariño y amor que estábamos recibiendo.

Por todo ello sólo podemos decir, Gracias Madre.

Gracias Madre por nuestra Cofradía del Santísimo Cristo de la Misericordia, gracias por sus momentos buenos, de alegría, de concordia y misericordia, pero también gracias por los que no han sido tan buenos porque de ellos debemos de aprender.

Gracias Madre por nuestra Camarera, sierva tuya, madre también nuestra, por todo su apoyo y cariño.

Gracias Madre por los penitentes y mayordomos de nuestro trono, que siempre nos marcan el camino hasta Nuestro Cristo de la Misericordia.

Gracias Madre por tus estantes, por ese grupo de nazarenos que año tras año, siguen bajo tu manto, que soportan bajo sus hombros todo el dolor que Tu llevas dentro, que aprietan los dientes cuando el camino se hace largo, largo y duro, pero que siempre están y estarán contigo.

GRACIAS MADRE DE MISERICORDIA.

[ARTICULO] D. Francisco Cánovas Carretero

Me piden los estantes, movidos de su Amor a la Virgen que escriba sobre Ella; y yo pecador quién soy para decir una sola palabra escrita sobre Ella, sobre la que descendió el Espíritu del Señor en la humilde aldea de Nazaret se llenó y llenó de Gracia por ella la humanidad entera, nos abrió las Puertas del Cielo y nos liberaba del Castigo de Adán en su Hijo, con su Hijo y por su Hijo.

Pero Ella seguía sencilla y obediente a la Voluntad del Padre ya antes de los tiempos en la mente de Dios, llegado el tiempo seguía la misma línea hasta su llegada al cielo.

Coronada e inmaculada que Hermosa fue, es y será. Madre y Maestra de oración, de espera y de dolor.

Señora de la Misericordia a manos llenas, con los pecadores y con los santos, para Ella todos son sus hijos, nacidos de su fiat y de su dolor al pie de la cruz, en ella en el madero de la cruz, al pie de los pies clavados de su Hijo se clavó Ella para aceptar ser nuestra Madre y se coronó con las espinas de la corona de su Hijo en el alma, y la espada de Simeón le laceró el alma y el cuerpo como un escalofrío desde la cabeza a los pies, y sintió en ella entrar la lanza de Longinos y parió a toda la humanidad al romper en aguas de dolor a los pies de su Hijo Divino, cielo y tierra, Dios y la Mujer, la que aplasta la cabeza del maligno y se atraganta con la manzana bíblica, el momento del triunfo de la humanidad que llega a los ojos de los presentes por un Hombre colgado de su madero y de una Mujer, su Madre, que le llora y no quiere ser consolada.

La Señora de la Misericordia, sí esa que en Murcia cada Viernes Santo con sus manos casi juntas y sus ojos clavados al cielo, pide por nosotros pecadores al Padre que se estremece de ver esa humanidad suplicar a la Divinidad, una y mil veces justificarnos ante El, repitiendo lo que acababa de oir a su Hijo “Perdónalos porque no saben lo que hacen”. Y Dios que es Amor por su Hijo y Ella se hace MISERICORDIA.

[ARTICULO] Dª. Josefina Ródenas Hernández

Le damos gracias a Dios por habernos dado a Nuestra Madre.

Ya desde muy pequeña me ha gustado siempre rezar el Santo Rosario. Para mi ha sido como un recital de súplicas y besos a Nuestra Madre del cielo, por eso, yo creo que me ha tenido siempre en su pensamiento para cuando llegara el momento, ser su camarera. Esto ha supuesto el Gozo, el Amor y la Comprensión que una madre le puede dar a una hija

Cuando la procesión sale, sale la Misericordia; con ese Cristo; con ese amor que lo llevan sus estantes; con esa perfección que el alma se les va. Y detrás sale Nuestra Virgen; con esas lágrimas que se deslizan por sus mejillas; con esa intensidad de Amor, para ser fuerte en la Cruz, al lado de su hijo. Todos los estantes que la llevan van marcando el paso que parece que Ella va andando con los brazos abiertos esperando la Misericordia de Dios, para mí, ese día y los días del Triduo son los más bonitos que mi alma recibe.

A mis “cabos de andas” y a mis “estantes”, que los conozco desde el primer momento que fui Camarera, les doy las gracias por haber sido tan atentos conmigo y por ese cariño que siempre me han tenido.

Vuestra Camarera, de la Virgen de la Misericordia, Nuestra Madre de la Misericordia.

[ARTICULO] Misericordia en la noche. D. Alberto Castillo Baños

El viernes Santo, en Murcia, es quizá el día más grande de cuantos componen el ciclo anual. Amanece muy temprano, o en su defecto mucha gente no se acuesta, pues tras asistir al austero cortejo del Santísimo Cristo del Refugio, la noche anterior, casi todo el mundo cumple con el rito de aguardar, desde primeras horas, el extraordinario cortejo de “los nazarenos” que sacan a la calle el mayor de los tesoros que Murcia guarda celosamente: el evangelio que, en madera, talló Francisco Salzillo Alcaraz en la segunda mitad del XVIII.

Mañana, habitualmente, de sol y calor típica de una primavera naciente. Emoción en miles de personas que aguardan año tras año, casi en el mismo lugar de siempre, el paso del penitencial cortejo de los moraos. Punto de encuentro de amigos y familiares. También de recuerdos pues, siempre, hay alguien que en el pasado estuvo cerca de nuestra silla y que ya no lo estará jamás. Mañana de Viernes Santo.
Y cuando la retina empieza a estar acostumbrada a la luz hermosa de la mañana y la tarde cuaja en esplendor de la primavera de la vida, apenas sin descanso, sin que las sillas lleguen a plegarse en el recorrido, se abren las puertas de la desacralizada San Esteban para que, Murcia, se llene de infinita Misericordia en el mayor momento del dolor.

El divino crucificado que, el publico, sigue creyendo que es de marfil dado el extraordinario color de su encarnadura, la obra del jesuita Domingo Beltrán, procesionaba de siempre en soledad por las calles de esta Murcia penitente. Hasta que un buen día, un extraordinario día me atrevería a decir, un grupo de enamorados nazarenos murcianos se encontraron con la posibilidad de procesionar, junto al Señor de la Misericordia, a su madre santísima. Imagen de gran belleza salida de la gubia del recordado Jose Sánchez Lozano en el año veintidós de la pasada centuria. Pusieron ilusión y sacrificio en esta idea y la llevaron a feliz término para orgullo de todos los murcianos. Años mas tarde se incorporará al solemne cortejo un extraordinario grupo escultórico de Jose Hernández Navarro y que recorre el dramático momento del Sagrado Descendimiento de Cristo. El cortejo procesional ha quedado, de momento, cerrado a nuevas hermandades.

La Dolorosa de “Sanchelozano” (que así firmaba el escultor por aquellos días) pone el contrapunto del infinito dolor entre la mañana y la noche. Si la de Salzillo, al amanecer, pierde su vista en el azul del cielo buscando consuelo para su infinita soledad, la de la tarde, señora de Misericordia, busca en las estrellas pañuelo que enjugue sus lágrimas. Si el color dieciochesco viste de gala a la Madre, en la mañana, el negro luto de su inconfundible manto envuelve a Murcia en la soledad de una noche donde, María, es señora de infinita Misericordia.
Son la misma imagen. Es la misma representación. Casi similar la estética. Sin embargo, en el atardecer del viernes Santo, la señora de San Esteban mueve al dolor con su sola presencia. La oración brota espontánea de los labios enamorados y el corazón se contrae ante el infinito sufrimiento de María.

Dicen, aquellos que no nos comprenden, que Murcia en viernes santo es un día sin final y que “tenemos demasiadas procesiones”. Yo, aprovechando la gentil invitación que me formulan los estantes para figurar en esta publicación, digo todo lo contrario: Bendito viernes santo que nos hace sentir emociones. Que pasa de la luz al dolor. Del esplendor al duelo. De la Pasión a la Muerte para ser más conscientes del supremo milagro de la Resurrección triunfante.

En Murcia, en esta ciudad penitente y nazarena, tenemos la inmensa suerte de poder contemplar, gracias al evangelio de la madera, a Jesús en los supremos momentos del drama. Mas tarde crucificado, señor de Misericordia infinita. Cuerpo vencido por la muerte en los brazos de una madre que es Señora de Angustias. Conducido al sepulcro de San Bartolomé por los santos varones y finalmente, cuando el día a muerto y el amanecer del sábado se está haciendo realidad, Maria, vuelve del sepulcro como señora de Soledad infinita.

Amigos de la Misericordia: penitentes y estantes del paso de Maria Santísima, muchas gracias por habernos regalado a los murcianos el impagable tesoro que supone la presencia de la Madre dolorida, en la noche mas amarga, y que con su sola presencia alcancemos en el amanecer cercano de la Pascua, las promesas de Jesús Resucitado.

¡Feliz aniversario!

[ARTICULO] D. Alfonso Flores Antón

En primer lugar, expresar mi más sincera felicitación a todos los hermanos que forman o han formado parte de la Hermandad de Nuestra Señora Madre de Misericordia, de modo especial a sus estantes, y en segundo, al resto de los hermanos que componen la Cofradía, puesto que con el paso que se dio, hace quince años, incorporando a nuestra procesión esa bellísima imagen Dolorosa, convertida en Soledad en la tarde-noche del gran día que es para Murcia y los murcianos el Viernes Santo, empezándose a considerar por todos como una Cofradía, que, aunque ya lo era, todavía, sobre todo desde fuera, se continuaba viendo como una hermandad.

Como ya he expuesto, y aunque parezca que fue ayer, ya son quince los años que han transcurrido desde tan importante hecho, momentos aquellos en los que yo era nazareno estante, portando al titular de la Cofradía, Santísimo Cristo de la Misericordia, y aún llevando una magnífica y entrañable imagen, me causó un gran impacto la que se unía a nuestro cortejo, por ese semblante de inmenso dolor de madre, al ver que su amado y queridísimo Hijo moría en la Cruz, cumpliéndose la profecía de Simeón: “Madre, una espada traspasará tu alma”, pero no olvidemos que por medio de ese sacrificio consigue la redención del género humano, y que si “nuestro día” es de inmenso dolor, está muy cerca la Resurrección y Gloria del Señor.

Todos los que formábamos la Cofradía en aquella época, recordamos el trono prestado con el que desfilaba “nuestra Virgen”, posteriormente, y sufragado por sus estantes, estrenó el suyo, en el que se eleva majestuosamente, siendo éste modificado, ligeramente, en la última procesión, Semana Santa 2003 y ello, unido al cambio de luz eléctrica por la de velas, significó que lo que parecía imposible se cumpliese, y ello es el que la figura de la Madre pudiese parecer todavía más hermosa.

Desde esta página deseo expresar mi más sincero agradecimiento a D. Francisco Cánovas Carretero, propietario de la imagen de la Señora, que nos cede anualmente para los cultos religiosos así como para procesionar.

¡Madre de Misericordia, acógenos como amantes hijos tuyos, ahora y en la hora de nuestra muerte!