[ARTICULO] Misterio de la Pasión. D. Miguel Angel Ortiz

Qué misterio nos lleva año tras año a sentir este gozo tan profundo de llevar esta MADRE nuestra que es de la MISERICORDIA, a lucirla con una sensación que uno no sabría describir, ese calor que uno percibe cuando nuestra Madre nos acoge cuando estamos tristes, enfermos, esa sensación que sólo una madre tiene a sus hijos es la misma sensación que uno percibe cuando ves esa cara de sufrimiento, llanto, dolor, es en el fondo, cuando uno quiere sentir esa MISERICORDIA que llevamos dentro de cada uno de nosotros, porque nos hace que, año tras año sintamos, ese misterio de la pasión que nos hace estar deseosos de sentirla en nuestro hombro, pensamiento y corazón.

No quisiera dejar de un lado, la gran humanidad que uno tiene alrededor, somos sesenta estantes murcianos que durante estos quince años, hemos procesionado con pasión y humildad. Estos valores se suman al amor que procesamos a nuestra MADRE de la MISERICORDIA, con la cual nos engrandecemos cada día más.

Sintámonos orgullosos de pertenecer a esta SANTÍSIMA Cofradía, que es nuestra COFRADÍA DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA MISERICORDIA.

[ARTICULO]»Triste y hundido» Daniel Sánchez Melgarejo

Dios te Salve, Reina y Madre de Misericordia, Vida, Dulzura y Esperanza Nuestra.

Gracias Madre de Misericordia, por tu Hijo, Santísimo Cristo de la Misericordia, muerto en la Cruz, resplandeciente, perfecto, abriendo camino como gula en la tiniebla de Viernes Santo.

Gracias Madre de Misericordia, por seguirlo paso a paso, con el corazan roto, destrozado de dolor, con la mirada en el cielo, llorando, con tus manos abiertas, en dónde nosotros encontramos el consuelo.

Gracias Madre de Misericordia, por haberme otorgado el privilegio de acompañarte en tu camino a través de las calles de la Amargura de nuestra Murcia, detrás del Cristo de la Misericordia Crucíficado.

Gracias Madre de Misericordia, por poder observar los rostros de los fieles sufriendo contigo, llorando contigo, rezando contigo.

Gracias Madre de Misericordia, por toda nuestra Cofradía del Santísimo Cristo de la Misericordia, por su Junta, Damas, Penitentes y Estantes, en su Cincuenta Aniversario, por su ánimo y esfuerzo.

Pero perdóname Madre de Misericordia por que toda la Noche de Viernes Santo, la Noche más amarga del Año, la Noche en que Jesucristo está muerto en la Esperanza de la Resurrección, te dejo de espaldas a tu Hijo, en tu Soledad y Dolor, saliendo de la Iglesia triste y hundido más que cansado, sin poder contemplar tu bello rostro, rogándole a Dios que nunca más tu Mirada de Consuelo se separe de nuestro Santísimo Cristo de la Misericordia.

Gracias Madre de Misericordia

Murcia, 3 Abril de 1999

[ARTICULO] 15 años ya… Rafael Francés Márquez

Que también son 180 meses, con sus noches y sus días. Quince años llenos de alegrías, tristezas, anécdotas, historias, gozo, entusiasmo, pero sobre todo, quince años de Nazanería, de aquí, de la nuestra, y todo por nuestro amor por ELLA: Nuestra SEÑORA, la Madre de Dios, la VIRGEN DE LA MISERICORDIA.
En el año 87 nuestra cofradía empezó a gestionar la ampliación de la procesión con una Virgen, en el 89 fundamos el Trono de la Santísima Virgen De La Misericordia con su tercio y ese mismo año la sacamos a la calle por vez primera en Semana Santa.

Éramos un grupo grande de chavales y algunos no tan chavales, muchos empezamos en esta empresa con 20 años, eso sí, con la inestimable ayuda de nuestros hermanos del Amparo, (en especial su cabo de andas), que en los dos primeros años nos prestaron su trono para poder pasear a nuestra Señora por las calles de Murcia, desde aquí un saludo muy afectuoso. Era simpático ver en la mañana de jueves Santo por la Plaza Mayor, a un grupo de nazarenos vestidos de paisano trasladando el trono desde la iglesia de San Nicolás hasta San Esteban, que es de donde salimos el Viernes Santo. Era lo propio en esos días, todo un trajín de idas y venidas de tronos sin flores de un lado para otro. Para muchos era la primera vez que sabíamos qué se sentía debajo de un trono, es algo que no se puede explicar, por lo menos yo no sé, creo que solo un estante sabe lo que se siente.

En el año 91 estrenamos trono, me acuerdo la primera vez que fuimos a por él, al taller del Maestro Juan Lorente que está en la ctra. de Alcantarilla. Todos allí reunidos: tronista, ayudantes, cabos de andas y estantes, todos con la boca abierta, contemplando la obra, como si nunca hubiéramos visto nada igual, bueno, la verdad es que nunca vimos nada igual, el esfuerzo que hicimos los estantes mereció la pena. Teníamos una ilusión tremenda por estrenarlo, procesionarlo por las calles de Murcia con nuestra Señora en Semana Santa. Aquel año nos otorgaron el primer premio en el orden de desfile procesional. En la mañana de jueves Santo y en la Iglesia de San Esteban, bendecimos el trono. En aquel acto tan entrañable que fue presidido por nuestra Madre, estuvimos todos los estantes junto con nuestras familias y miembros de la junta de gobierno de la cofradía, así como los demás cofrades. La bendición la realizó nuestro consiliario de la cofradía Don Narciso.

Recuerdo también las vueltas que hemos dado en estos años para guardar esa maravilla de trono, ha estado en varios sitios, desde una fábrica de plástico hasta en un almacén de conservas y más tarde en un almacén de muebles, pero siempre guardado con cariño, cierta tristeza y una gran ilusión. Tristeza por aquello de cerrar de algún modo un capítulo e ilusión por empezar pronto otro año, otra Semana Santa.

Josefina Ródenas es nuestra nazarena, la de todos, la de la Misericordia. Es nuestra camarera, es la Camarera de la Virgen, es más que eso. Tiene amor infinito a nuestra Virgen, a sus “hijos” los estantes, que con ese amor y un poquito de esfuerzo sacamos todos los años la procesión a la calle. Es digno de mencionar la devoción que le tiene a la Virgen, todo el año vive por ella y nos anima a quererla. Ella está siempre con nosotros en todo momento echando una mano, nos cuida, nos mima, nos invita todos los años a su casa en el campo. Le ha hecho túnicas a nuestra Señora, tanto para los cultos, como para la procesión. Se desvive y se entusiasma cada vez que se aproxima la Semana Santa. Josefina es nuestra nazarena.

Paco Cánovas es nuestro nazareno, nos “deja” a nuestra Señora para que año tras año le rindamos culto y la paseemos por nuestras calles para que todo el mundo la admire y la adore. Paco también le tiene un amor especial hacia Ella, la viste para la procesión con un sentir y dulzura que sólo él sabe. Paco es nuestro nazareno.

En el año 1999, coincidiendo con el 10º aniversario de la fundación del trono de la Santísima Virgen de la Misericordia, los estantes le regalamos a nuestra Señora una preciosa corona de plata que desde ese mismo año luce en cada procesión. Fue bendecida por el obispo de entonces Monseñor Ureña. Desde el pasado año la Virgen luce en la parte delantera un manto bordado en oro, regalo de alguien que no quiso facilitar su nombre y también se sustituyeron los faroles del trono por velas de parafina, dándole una luz más suave a nuestra Señora. A lo largo de estos años se han hecho varias modificaciones, como hacerle un pedestal a la Virgen y bajar los brazos de los faroles unos centímetros para realzar la belleza de esta obra de Sánchez Lozano

En estos 15 años nos ha llovido un poco, aunque gracias al cielo, no hemos tenido que suspender ningún desfile, pero correr un poco si hemos tenido que correr y esperamos otros tantos años de cielos despejados, aunque solo sea en Semana Santa, (lo digo por lo de la falta de agua) para que no se suspenda ninguna procesión, que son muchos esfuerzos y mucha ilusión que se pone.

Estos son algunos recuerdos que tengo de los 15 años que como estante he vivido. Me gustaría señalar la dedicación, esfuerzo y entusiasmo de todos los estantes y cabos de andas que hemos tenido durante los 15 años.

Por Ella, Nuestra Señora, La Santísima Virgen De La Misericordia.

[ARTICULO] Mujeres en la Redención. D. José A. García Carrasco

Todo Lo que es grande y maravilloso nace sin aparato alguno. La semilla duerme oculta en la tierra como el niño antes de nacer en el seno de su madre; el mundo brotó de las tinieblas del caos, y la Iglesia hizo su aparición en el mundo tras de haber nacido en el profundo silencio de la paciente, muda y perseverante espera de sus primeros adeptos.

Grande y monumental es para mí la influencia de la mujer en la vida pasión y muerte de Jesús; María la madre del Maestro, o aquella desahuciada mujer alegre llamada Magdalena. Nos relata el Nuevo Testamento, entre otras, como la doctrina predicada por Jesús en las alegres campiñas de Galilea y en las áridas comarcas de Sión, había atraído hacia su persona un gran número de fervientes discípulos y gentes que lo admiraban, los humildes, los desgraciados, los sedientos de paz y hambrientos de justicia corrían tras el Divino Maestro. Sus palabras caían como bienhechor rocío sobre las conciencias de los oprimidos y los miserables. La consoladora idea de la redención y esperanza en otra vida mejor encarnada en el dulce Nazareno, purificaba y confortaba las almas decaídas. Una cortesana célebre por sus encantos, se sintió hondamente contrita al escuchar las palabras del que llamaba a todos los hombres para un nuevo reino de caridad, igualdad y amor, y se convirtió en ardiente adoradora suya.

La figura de la Magdalena ha quedado desde entonces grabada indeleblemente en la historia de la Redención .

Mucho tiene que haber calado en el corazón de los cristianos otra santa mujer; Verónica, natural de Palestina. La piadosa mujer que salió al paso de Jesús en su tortuoso caminar hacia el Gólgota y que pese a no figurar en los Evangelios, los cristianos la conocen como la mujer que alivió el rostro dañado y dolorido del Hijo de Dios con un paño empapado de agua, como así los explica en sus textos San Gregorio de Tours.

Y fue María con algunas mujeres y un solo discípulo las que siguieron a Jesús hasta el lugar del suplicio, presenciando todos los trances de aquel camino de amargura. Al anochecer de aquel horrendo día, la Madre Dolorosa que había permanecido constantemente al pié de la Cruz, recogió en sus brazos a la Noble víctima, la árida montaña yacía solitaria. Cuando Jesús hubo exhalado el último suspiro , quedó la tierra sepultada en tenebrosa lobreguez, el monte se abrió por varias partes, y rasgándose la bóveda del templo; el sol se eclipsó negando su luz, tembló la tierra y resonaron por los aires extraños y siniestros rumores, las sepulturas cavadas en roca viva arrojaban de su seno los despojos que guardaban. El Divino Maestro había muerto. Con Él empezó el reinado de la caridad, del amor, de la fraternidad, y por más que el mundo dure millones y millones de años, la doctrina que él fundó será la doctrina incomparable y salvadora que resistirá eternamente todos los embates, todas las negaciones y todos los naufragios a que sea sometida.

[ARTICULO] Semana Santa. D. José Guillermo Rios

Hay un solo hecho que llena y ocupa toda la semana, hasta tal punto que es imposible ocuparse de otra cosa o evento que no sea este. A su lado otros hechos que por su aparición de última hora pudiera ser llamado como novedoso quedan pequeños, sin importancia e indignos de ser considerados para ocupar una pequeña reseña en cualquier medio de información: ese hecho cuya actualidad se reproduce año tras año desde hace ya dos mil tres y que seguirá produciéndose por siglos y siglos, puede afirmarse, sin miedo a incurrir en ningún error, es la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, el hijo de Dios, del Salvador de los hombres.

¿Cuantos miles de suplicios se han verificado antes del que en esta Semana Santa conmemora la Cristiandad? No creo que hayan datos de tan elevado número, como tampoco creo que ninguno de ellos, fuera del de Jesús, haya sido origen o motivo de redención.

La sangre del Justo derramada en el Calvario, cayó cual benéfico rocío sobre la humanidad entera, y cada una de sus gotas fue suficiente para lavar las culpas de millones de hombres que como cada rayo de sol hace vivir a innumerables seres. La existencia del Hijo de Dios, al salir del cuerpo del Hijo del Hombre, recobró toda su infinita extensión, y volvió a adquirir toda su eternidad, y por eso pudo bastar a la redención de la humanidad entera. Ni puede darse sacrificio más enorme y más sublime que el del infinito que se limita a sí mismo por su propia voluntad, ni puede concebirse resultado más grandioso que el logrado en virtud de tal sacrificio.

Un largo periodo de dos mil tres años, durante el cuál se ha perdido la memoria de tantas cosas y de tantas personas, de tantos hechos juzgados en su tiempo como importantes y de tantos personajes tenidos por sus contemporáneos como ilustres, no han podido entibiar siquiera el recuerdo de la Redención, ni debilitar en la mente de los hombres el brillo de las fulgurantes letras con que en ella está escrito el nombre del Redentor.

Y pasarán años y siglos; las generaciones se sucederán unas a otras, se fundarán y caerán Estados, Monarquías, Repúblicas, Imperios; cambiarán los usos y las costumbres; tendrá la civilización, sol de la humanidad, como el sol de la naturaleza, sus ortos y sus ocasos y sus eclípses, y sin embargo, de la memoria de los creyentes, no se borrará el nombre de Jesucristo, ni de su conciencia las enseñanzas de su doctrina, ni de su corazón el amor a quien les salvó a costa de su humillación y de su existencia.

El Mártir del Gólgota es, sin lugar a dudas, el Hijo de Dios, no solo considerado por la ceguedad inconsciente y puramente sentimental de la fe, sino ante la luz de la razón.

Por eso, ante la magnitud del hecho que esta semana conmemora la Iglesia, quedan oscurecidos, quedan anulados todos los demás, y por eso, los que se ocupan de las crónicas y las noticias del día, creo se encuentran sin fuerzas para ocuparse de ellas, o nos limitamos a decir a los que, con nosotros, comulgan en Cristo: No es esta ocasión de pensar, sino de sentir; sintamos y que las fibras de nuestros corazones no vibren sino de amor al que se sacrificó por salvarnos, pues, ni aún haciéndolo así, podrá aproximarse siquiera nuestra gratitud a la altura que alcanzó su sacrificio.