[ARTICULO] 15 años ya… Rafael Francés Márquez

Que también son 180 meses, con sus noches y sus días. Quince años llenos de alegrías, tristezas, anécdotas, historias, gozo, entusiasmo, pero sobre todo, quince años de Nazanería, de aquí, de la nuestra, y todo por nuestro amor por ELLA: Nuestra SEÑORA, la Madre de Dios, la VIRGEN DE LA MISERICORDIA.
En el año 87 nuestra cofradía empezó a gestionar la ampliación de la procesión con una Virgen, en el 89 fundamos el Trono de la Santísima Virgen De La Misericordia con su tercio y ese mismo año la sacamos a la calle por vez primera en Semana Santa.

Éramos un grupo grande de chavales y algunos no tan chavales, muchos empezamos en esta empresa con 20 años, eso sí, con la inestimable ayuda de nuestros hermanos del Amparo, (en especial su cabo de andas), que en los dos primeros años nos prestaron su trono para poder pasear a nuestra Señora por las calles de Murcia, desde aquí un saludo muy afectuoso. Era simpático ver en la mañana de jueves Santo por la Plaza Mayor, a un grupo de nazarenos vestidos de paisano trasladando el trono desde la iglesia de San Nicolás hasta San Esteban, que es de donde salimos el Viernes Santo. Era lo propio en esos días, todo un trajín de idas y venidas de tronos sin flores de un lado para otro. Para muchos era la primera vez que sabíamos qué se sentía debajo de un trono, es algo que no se puede explicar, por lo menos yo no sé, creo que solo un estante sabe lo que se siente.

En el año 91 estrenamos trono, me acuerdo la primera vez que fuimos a por él, al taller del Maestro Juan Lorente que está en la ctra. de Alcantarilla. Todos allí reunidos: tronista, ayudantes, cabos de andas y estantes, todos con la boca abierta, contemplando la obra, como si nunca hubiéramos visto nada igual, bueno, la verdad es que nunca vimos nada igual, el esfuerzo que hicimos los estantes mereció la pena. Teníamos una ilusión tremenda por estrenarlo, procesionarlo por las calles de Murcia con nuestra Señora en Semana Santa. Aquel año nos otorgaron el primer premio en el orden de desfile procesional. En la mañana de jueves Santo y en la Iglesia de San Esteban, bendecimos el trono. En aquel acto tan entrañable que fue presidido por nuestra Madre, estuvimos todos los estantes junto con nuestras familias y miembros de la junta de gobierno de la cofradía, así como los demás cofrades. La bendición la realizó nuestro consiliario de la cofradía Don Narciso.

Recuerdo también las vueltas que hemos dado en estos años para guardar esa maravilla de trono, ha estado en varios sitios, desde una fábrica de plástico hasta en un almacén de conservas y más tarde en un almacén de muebles, pero siempre guardado con cariño, cierta tristeza y una gran ilusión. Tristeza por aquello de cerrar de algún modo un capítulo e ilusión por empezar pronto otro año, otra Semana Santa.

Josefina Ródenas es nuestra nazarena, la de todos, la de la Misericordia. Es nuestra camarera, es la Camarera de la Virgen, es más que eso. Tiene amor infinito a nuestra Virgen, a sus “hijos” los estantes, que con ese amor y un poquito de esfuerzo sacamos todos los años la procesión a la calle. Es digno de mencionar la devoción que le tiene a la Virgen, todo el año vive por ella y nos anima a quererla. Ella está siempre con nosotros en todo momento echando una mano, nos cuida, nos mima, nos invita todos los años a su casa en el campo. Le ha hecho túnicas a nuestra Señora, tanto para los cultos, como para la procesión. Se desvive y se entusiasma cada vez que se aproxima la Semana Santa. Josefina es nuestra nazarena.

Paco Cánovas es nuestro nazareno, nos “deja” a nuestra Señora para que año tras año le rindamos culto y la paseemos por nuestras calles para que todo el mundo la admire y la adore. Paco también le tiene un amor especial hacia Ella, la viste para la procesión con un sentir y dulzura que sólo él sabe. Paco es nuestro nazareno.

En el año 1999, coincidiendo con el 10º aniversario de la fundación del trono de la Santísima Virgen de la Misericordia, los estantes le regalamos a nuestra Señora una preciosa corona de plata que desde ese mismo año luce en cada procesión. Fue bendecida por el obispo de entonces Monseñor Ureña. Desde el pasado año la Virgen luce en la parte delantera un manto bordado en oro, regalo de alguien que no quiso facilitar su nombre y también se sustituyeron los faroles del trono por velas de parafina, dándole una luz más suave a nuestra Señora. A lo largo de estos años se han hecho varias modificaciones, como hacerle un pedestal a la Virgen y bajar los brazos de los faroles unos centímetros para realzar la belleza de esta obra de Sánchez Lozano

En estos 15 años nos ha llovido un poco, aunque gracias al cielo, no hemos tenido que suspender ningún desfile, pero correr un poco si hemos tenido que correr y esperamos otros tantos años de cielos despejados, aunque solo sea en Semana Santa, (lo digo por lo de la falta de agua) para que no se suspenda ninguna procesión, que son muchos esfuerzos y mucha ilusión que se pone.

Estos son algunos recuerdos que tengo de los 15 años que como estante he vivido. Me gustaría señalar la dedicación, esfuerzo y entusiasmo de todos los estantes y cabos de andas que hemos tenido durante los 15 años.

Por Ella, Nuestra Señora, La Santísima Virgen De La Misericordia.

[ARTICULO] Mujeres en la Redención. D. José A. García Carrasco

Todo Lo que es grande y maravilloso nace sin aparato alguno. La semilla duerme oculta en la tierra como el niño antes de nacer en el seno de su madre; el mundo brotó de las tinieblas del caos, y la Iglesia hizo su aparición en el mundo tras de haber nacido en el profundo silencio de la paciente, muda y perseverante espera de sus primeros adeptos.

Grande y monumental es para mí la influencia de la mujer en la vida pasión y muerte de Jesús; María la madre del Maestro, o aquella desahuciada mujer alegre llamada Magdalena. Nos relata el Nuevo Testamento, entre otras, como la doctrina predicada por Jesús en las alegres campiñas de Galilea y en las áridas comarcas de Sión, había atraído hacia su persona un gran número de fervientes discípulos y gentes que lo admiraban, los humildes, los desgraciados, los sedientos de paz y hambrientos de justicia corrían tras el Divino Maestro. Sus palabras caían como bienhechor rocío sobre las conciencias de los oprimidos y los miserables. La consoladora idea de la redención y esperanza en otra vida mejor encarnada en el dulce Nazareno, purificaba y confortaba las almas decaídas. Una cortesana célebre por sus encantos, se sintió hondamente contrita al escuchar las palabras del que llamaba a todos los hombres para un nuevo reino de caridad, igualdad y amor, y se convirtió en ardiente adoradora suya.

La figura de la Magdalena ha quedado desde entonces grabada indeleblemente en la historia de la Redención .

Mucho tiene que haber calado en el corazón de los cristianos otra santa mujer; Verónica, natural de Palestina. La piadosa mujer que salió al paso de Jesús en su tortuoso caminar hacia el Gólgota y que pese a no figurar en los Evangelios, los cristianos la conocen como la mujer que alivió el rostro dañado y dolorido del Hijo de Dios con un paño empapado de agua, como así los explica en sus textos San Gregorio de Tours.

Y fue María con algunas mujeres y un solo discípulo las que siguieron a Jesús hasta el lugar del suplicio, presenciando todos los trances de aquel camino de amargura. Al anochecer de aquel horrendo día, la Madre Dolorosa que había permanecido constantemente al pié de la Cruz, recogió en sus brazos a la Noble víctima, la árida montaña yacía solitaria. Cuando Jesús hubo exhalado el último suspiro , quedó la tierra sepultada en tenebrosa lobreguez, el monte se abrió por varias partes, y rasgándose la bóveda del templo; el sol se eclipsó negando su luz, tembló la tierra y resonaron por los aires extraños y siniestros rumores, las sepulturas cavadas en roca viva arrojaban de su seno los despojos que guardaban. El Divino Maestro había muerto. Con Él empezó el reinado de la caridad, del amor, de la fraternidad, y por más que el mundo dure millones y millones de años, la doctrina que él fundó será la doctrina incomparable y salvadora que resistirá eternamente todos los embates, todas las negaciones y todos los naufragios a que sea sometida.

[ARTICULO] Semana Santa. D. José Guillermo Rios

Hay un solo hecho que llena y ocupa toda la semana, hasta tal punto que es imposible ocuparse de otra cosa o evento que no sea este. A su lado otros hechos que por su aparición de última hora pudiera ser llamado como novedoso quedan pequeños, sin importancia e indignos de ser considerados para ocupar una pequeña reseña en cualquier medio de información: ese hecho cuya actualidad se reproduce año tras año desde hace ya dos mil tres y que seguirá produciéndose por siglos y siglos, puede afirmarse, sin miedo a incurrir en ningún error, es la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, el hijo de Dios, del Salvador de los hombres.

¿Cuantos miles de suplicios se han verificado antes del que en esta Semana Santa conmemora la Cristiandad? No creo que hayan datos de tan elevado número, como tampoco creo que ninguno de ellos, fuera del de Jesús, haya sido origen o motivo de redención.

La sangre del Justo derramada en el Calvario, cayó cual benéfico rocío sobre la humanidad entera, y cada una de sus gotas fue suficiente para lavar las culpas de millones de hombres que como cada rayo de sol hace vivir a innumerables seres. La existencia del Hijo de Dios, al salir del cuerpo del Hijo del Hombre, recobró toda su infinita extensión, y volvió a adquirir toda su eternidad, y por eso pudo bastar a la redención de la humanidad entera. Ni puede darse sacrificio más enorme y más sublime que el del infinito que se limita a sí mismo por su propia voluntad, ni puede concebirse resultado más grandioso que el logrado en virtud de tal sacrificio.

Un largo periodo de dos mil tres años, durante el cuál se ha perdido la memoria de tantas cosas y de tantas personas, de tantos hechos juzgados en su tiempo como importantes y de tantos personajes tenidos por sus contemporáneos como ilustres, no han podido entibiar siquiera el recuerdo de la Redención, ni debilitar en la mente de los hombres el brillo de las fulgurantes letras con que en ella está escrito el nombre del Redentor.

Y pasarán años y siglos; las generaciones se sucederán unas a otras, se fundarán y caerán Estados, Monarquías, Repúblicas, Imperios; cambiarán los usos y las costumbres; tendrá la civilización, sol de la humanidad, como el sol de la naturaleza, sus ortos y sus ocasos y sus eclípses, y sin embargo, de la memoria de los creyentes, no se borrará el nombre de Jesucristo, ni de su conciencia las enseñanzas de su doctrina, ni de su corazón el amor a quien les salvó a costa de su humillación y de su existencia.

El Mártir del Gólgota es, sin lugar a dudas, el Hijo de Dios, no solo considerado por la ceguedad inconsciente y puramente sentimental de la fe, sino ante la luz de la razón.

Por eso, ante la magnitud del hecho que esta semana conmemora la Iglesia, quedan oscurecidos, quedan anulados todos los demás, y por eso, los que se ocupan de las crónicas y las noticias del día, creo se encuentran sin fuerzas para ocuparse de ellas, o nos limitamos a decir a los que, con nosotros, comulgan en Cristo: No es esta ocasión de pensar, sino de sentir; sintamos y que las fibras de nuestros corazones no vibren sino de amor al que se sacrificó por salvarnos, pues, ni aún haciéndolo así, podrá aproximarse siquiera nuestra gratitud a la altura que alcanzó su sacrificio.

[ARTICULO] Escuela de nazarenos. D. Ramón Sánchez Pérez

En este año 2004 se cumple el 15º aniversario del Paso de Ntra. Sra. Madre de Misericordia en la Semana Santa Murciana. Tuve el privilegio y el honor de poder procesionar junto a ellos en el Viernes Santo del año 1999. Con apenas 2 años en la Cofradía, y con un proyecto en ciernes (el paso del Descendimiento) su Cabo de Andas por entonces, Pepe Mora, me tendió gustosamente la mano, para poder integrarme en la Cofradía y vivirla desde dentro, ofreciendome la oportunidad de salir con ellos. No olvidaré nunca el detalle de cederme el estante de Cabo y «llevar» este Paso durante un tramo de la carrera. Estos nazarenos, orgullo de la Cofradía y escuela de Nazarenos de Murcia, a los que conozco en bastantes casos, me demostraron que ser Cabo de Andas, no es tan difícil como pueda suponerse teniendo el oficio y su buen hacer. Ver «andar» esta bellisima imagen de José Sanchez Lozano por las calles de Murcia, a hombros de estos cofrades, es ver la esencia de nuestra Semana Santa.

Quiero agradecer públicamente, este gesto de generosidad y hermandad que tuvo Pepe Mora conmigo, y que me sirvió para darme cuenta del verdadero espíritu de la Misericordia y de la autentica nazarenía murciana. Animarles a todos y cada uno de sus estantes a proseguir con su trabajo, y felicitar a su actual Cabo de andas, Daniel Sanchez (que con la ayuda de Jose Miguel Mora) deleitan a todo el público que asiste a nuestro procesión y que con su esfuerzo aportan una muestra (y no pequeña) de nuestra Semana Santa.

[ARTICULO] Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. D. José María López García

En el diccionario editado por la Real Academia Española de la Lengua, entre otras acepciones, define a la Misericordia como un “atributo de Dios, en cuya virtud perdona los pecados y miserias de sus criaturas”.
Es por tanto este aspecto divino el que resume y singulariza el sentido de nuestra relación con Dios. Nosotros pecadores nos acercamos a El con el deseo de sentirnos libres de nuestras debilidades y Este, con su generosidad infinita, siempre nos acoge en su regazo una vez liberados de los mismos.

Esta actitud bondadosa que nos permite obtener el perdón de nuestros pecados al tiempo que poder entonces, limpios y libres, disfrutar de la Eucaristía para estar en comunión con el Padre, son el verdadero sentido en nuestra vida como cristianos.

Nuestra salvación es imposible sin nuestra redención, la cual solo podremos obtener por la misericordia divina que El nos asegura y que nos demuestra el amor constante que nos dedica.

El evangelista san Mateo (5,3-11) nos cuenta las promesas de felicidad (bienaventuranza) hechas en el Sermón de la Montaña por Jesucristo a quienes acepten sus enseñanzas y vivan según las virtudes de humildad, mansedumbre y paciencia. En una de ellas nos exhorta a que nosotros seamos también misericordiosos con nuestros semejantes lo cual nos garantizara el alcanzar la misericordia divina.

Esta forma de actuación a la cual, como cristianos, Jesús nos invita a que la asumamos como propia y de forma constante en el desarrollo cotidiano de nuestra vida, por nuestra frágil condición humana en algunas ocasiones nos es difícil de poder llevarla a la práctica.
La Virgen María bajo la advocación de la Misericordia es nuestra mejor aliada y la perfecta mediadora ante Dios de nuestros anhelos de obtención de la misma.

Si nuestro Padre siempre esta dispuesto a tener esta actitud generosa con nosotros, la intercesión maternal de María, a la que reconocemos como Madre de Dios, nos asegura la obtención de la misma.

Nuestra Madre de la Misericordia siempre esta deseosa de ayudarnos y cada vez que lo deseemos podemos confiarnos a Ella. La práctica de la diversidad de devociones marianas que conocemos: El rosario, el Ángelus, himnos, salmos y oraciones, nos permiten cada vez que queramos poder llegar a ella y obtener su consuelo.